viernes, 5 de agosto de 2016

El valor del juego en la infancia

Imagen: Taller Giramundo


José Luis Linaza 
Universidad Autónoma de Madrid
 Miembro del Observatorio del Juego

Los conceptos de juego e infancia son conceptos humanos elaborados y modificados a lo largo de la historia.
Juegan muchos animales, especialmente los mamíferos y, dentro de ellos, los primates. Los etólogos nos proporcionan ejemplos muy bellos y conmovedores del juego de las crías de especies muy distintas. Y los humanos somos la especie que juega durante más tiempo: en realidad durante toda la vida.
Pero nacemos tan indefensos e inmaduros que sólo podemos sobrevivir por el cuidado, la alimentación, el cariño que nos proporcionan los adultos familiares. No seríamos viables, como organismos biológicos, sin esos cuidados.
Una infancia prolongada permite adquirir comportamientos complejos, tanto más importantes cuanto más impredecible el mundo que el futuro adulto debe afrontar.
Pero al convertirnos en adultos, los humanos seguimos conservando rasgos y comportamientos que en otras especies sólo definen a los miembros infantiles: tenemos menos fuerza, menos vello, más flexibilidad, etc. Entre esos comportamientos infantiles que mantenemos de adultos destaca el juego, actividad a la que dedican niñas y niños, en todas las culturas, la mayor parte de su tiempo libre.
¿Por qué?, ¿para qué sirven tantas horas de juego infantil?.
Para los grandes teóricos del desarrollo humano, Freud, Piaget o Vygotsky, jugar es una actividad fundamental de nuestro funcionamiento psicológico. El juego es una necesidad en la infancia y, por eso mismo, también es reconocido como un derecho.
  • Freud vincula directamente el juego con la realización de deseos. El juego es para los niños lo que los sueños son para los adultos: el espacio de expresión de deseos inconscientes, de compensación de las frustraciones, de expresión de miedos y angustias. Y por eso el juego tiene un papel tan relevante en el diagnóstico y en la terapia infantil.
  • Vygotsky, muy interesado en el juego de ficción, de representar situaciones y personajes imaginarios, lo considera un factor que lidera el desarrollo, una locomotora del proceso. Los niños realizan en esos juegos muchas actividades, fingidas, que aún no pueden realizar en el mundo real.
  • Piaget vincula los tipos de juegos a las grandes estructuras de conocimiento (esquema sensorio-motriz, símbolo y operación mental) y les atribuye funciones diferentes en función de ello.
Como han mostrado también muchos etólogos, en muchas especies, el juego de ejercicio explora y consolida habilidades muy diversas a lo largo de la vida.
El juego de ficción amplía el mundo real, con el que interacciona el niño, a mundos fantásticos del pasado, del presente o del futuro. Y en todos ellos el protagonista es el niño.
Los juegos de reglas establecen las primeras sociedades infantiles en las que poder actuar juntos y establecer límites y reglas con los que enfrentar los conflictos. Probablemente en ningún Parlamento se vote tanto, y tan rápido, como en el patio de un colegio durante el recreo. Jugando descubren que las normas son el producto del acuerdo entre los propios jugadores. Y que el mejor procedimiento para resolver los conflictos es el acuerdo de la mayoría.
Esta simultánea representación de ficción y realidad es una condición del juego simbólico, pero no su objetivo. La meta de estos juegos, de todo juego, es la acción, actuar, interactuar, no imitar.
Algunos de estos juegos son una especie de resumen o versión simplificada de la realidad social, observada o experimentada, por los propios niños. Jugar a las casitas, a las tiendas, a los colegios, o a cualquier otro tema de la vida cotidiana de los adultos familiares, exige de los jugadores una actualización de esos modelos, una especie de evocación en voz alta de los roles y las interacciones entre ellos, similares a las que se producen en las situaciones de la vida real
Por ello Bruner (2002) destaca el papel del juego como mecanismo de transmisión cultural, situando al niño como un miembro activo más de la cultura en la que se desarrolla.
Sin duda son muy importantes las diversas adquisiciones sociales, cognitivas, emocionales, lingüísticas, motrices, etc..., que niños y niñas logran en la práctica de sus juegos.
Conocerlos, observarlos, fomentarlos, es responsabilidad de los adultos que les rodean. Necesidades y derechos están profundamente vinculados entre sí. Por eso, la necesidad de ser educado genera el derecho de todo ser humano a la educación.
Proporcionarles espacios y oportunidades para jugar es la mejor manera de atender a su derecho al juego. Niños y niñasnecesitan jugar para vivir con plenitud su infancia.
Termino con una cita reciente de Jerome Bruner, que celebra esta año su centenario:
“… la educación no consiste sólo en llegar a dominar un contenido sino que también consiste en lograr captar en qué consiste conocer y comprender.
Sí, estoy afirmando que deberíamos cultivar en nuestros escolares una sensibilidad epistemológica apropiada, una conciencia de los procesos implícitos en aprender y en pensar y no únicamente en los productos finales de dichos procesos a los que llamamos curriculum.
Es absurdo decir que los niños no son capaces de comprender estos procesos. Sus actividades de juegos espontáneos están llenas de exploraciones sobre lo posible, sobre lo que podría ser, y sobre por qué en ocasiones es posible y en otras no.
Considero de extremada urgencia que cultivemos este sentido de lo posible en nuestras prácticas educativas”. Bruner, J.S. 2012, pp.13.

Originalmente publicado en

1 comentario:

  1. Son juegos muy buenos para compartir con los bebes poliglotas, me ha gustado mucho la propuesta

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